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LA ALFABETIZACIÓN,
TAREA URGENTE Y RECONOCIDA
por
José Herrero
Ha sido muy
inspirador el número 194 de mayo - agosto de Edificación Cristiana. En
esta edición se trataba en diferentes lugares y por diferentes autores
temas relacionados con la base de la educación formal: la alfabetización.
Primeramente el artículo del Sr. Arjona titulado Educadores de Dios:
Enseñar al que no sabe señala la importancia de instituciones como la
Sociedad para la Promoción del Evangelio cuyo objetivo era “ofrecer
suficiente instrucción para capacitar a las clases pobres para leer la
Biblia” , o bien el movimiento encabezado por Joseph Lancaster que dirigió
las escuelas de caridad”que habían de tener una repercusión a nivel
mundial que nadie pudiera haber imaginado”.
Reconociendo estos ejemplos de servicio, la conmovedora reflexión final a
la que llega el autor debería revolucionar las bases de nuestras cómodas
conciencias y actitudes de servicio –como creo que lo ha hecho en la mía,
razón por la cual escribo este artículo- al preguntarnos como corolario:
¿cuántos millones de personas condenadas por su absoluta pobreza tuvieron
en este periodo la oportunidad de acceder a la educación por iniciativa de
alguien cuyo corazón fue movido a misericordia?...
La alfabetización ha sido una poderosa herramienta en manos de los
misioneros que en los siglos XIX y XX surcaron las tierras de España con
el mensaje del evangelio. Fruto de “enseñar a leer y escribir la propia
lengua” son muchas de las congregaciones de hermanos que hoy están
repartidas por el territorio; ejemplos como el de Linares o La Carolina
(mencionados en el número 195 de E. C. , Sep-Oct, pág. 12-15, por Sr.
López Soto y González Montes), o como el llevado a cabo por Eduardo
Turrall en los pueblos leoneses de Toral de los Guzmanes y Jiménez de
Jamúz, a la par que en otras capitales de provincia del norte de España
(Gijón, entre otras) dan fe de que la tarea de alfabetizar produce
resultados que perduran terrena y eternamente.
Recogía Alison Barrett en la sección Por el Mundo una noticia de Ghana en
la que se reconocía que “una de las mayores piedras de tropiezo para el
avance del evangelio en África es el enorme problema del
analfabetismo...”, a la par que “si no se toman medidas urgentes para
comunicar el evangelio verbalmente en muchas de las lenguas de África, más
del 70% de los africanos se quedarán sin conocer la Palabra de Dios,
simplemente porque no saben leer” . Al leer estas noticias surgió la misma
reflexión que le producida al Sr. Arjona el análisis de acontecimientos
pasados: ¿habrá entre los españoles alguno que, movido a misericordia,
enseñe a leer y escribir a cientos de personas para que conozcan el
mensaje de Dios?; y más aún: ¿estaríamos las iglesias dispuestas a adoptar
a estas personas como misioneros, sabiendo que muchas de nuestras propias
raíces como congregaciones vienen de proyectos misioneros donde la
alfabetización tuvo un papel principal?.... Creo que sí, que deberíamos en
fe responder que sí a las dos preguntas meditando en lo que implica
Traducir la Biblia a la lengua materna de un pueblo y la alfabetización en
esta lengua como base de la educación: Alfabetizar produce Confianza: la
alfabetización da acceso a la educación y mayores oportunidades de mejorar
en las condiciones de vida al poder leer libros traducidos a la propia
lengua tratando diferentes temas (salud, aritmética, historia, etc.). Las
Escrituras están llenas de constantes reflexiones sobre el amor y
aceptación de Dios hacia nosotros.
Alfabetizar proporciona Crecimiento Espiritual: La Biblia provee consejo y
consuelo a quienes la leen. Enseña y anima a quienes buscan crecer en su
relación con Dios. Sin la Traducción y la Alfabetización, las palabras son
sólo papel mojado.
Alfabetizar ayuda a Defenderse de las Falsas Doctrinas: La Traducción de
las Escrituras y la capacidad de leerlas y meditarlas ayuda a los
creyentes a comprobar la validez de lo que se les está enseñando.
Alfabetizar origina Libertad: El deseo de leer las Palabras que liberan a
la gente es lo que motiva a muchos a aprender a leer. Al aprender a leer y
a escribir, también se liberan del analfabetismo que los mantenía
oprimidos en la pobreza.
Alfabetizar provee Oportunidades: La educación básica ha sido reconocida
como un derecho fundamental. Los programas de alfabetización en la lengua
materna son el primer peldaño hacia la educación y hacen mucho más fácil
la traducción y aprendizaje de otras lenguas posteriormente.
Alfabetizar engendra Autoestima: Leer las Escrituras en su propia lengua
les permite entender con claridad que desde siempre han sido valiosos ante
los ojos de Dios.
Alfabetizar promueve Desarrollo: La alfabetización aumenta las
oportunidades de desarrollo puesto que provee acceso a la información y
una voz a los pueblos. Las Escrituras aumentan la motivación porque nos
revelan el sentir de Dios hacia nosotros.
Alfabetizar trae Esperanza: “Esperanza” puede significar muchas cosas,
pero si alguien te la dijera en una lengua que tú no entiendes, no tendría
mucho valor para ti. Conocer lo que La Palabra de Dios dice sobre el
futuro de los creyentes da seguridad y esperanza.Alfabetizar desemboca en
un Mejor Cuidado Sanitario: Los pueblos alfabetizados pueden aprender
prevención y tratamiento de muchas enfermedades simples que se cobran
muchas muertes innecesariamente. La educación sanitaria facilitada por la
alfabetización reduce drásticamente la mortalidad infantil en muchas
comunidades.
Alfabetizar genera Identidad: La identidad de un grupo se expresa a través
de los relatos tradicionales de su cultura, y puede preservarse y recobrar
su prestigio al registrarlos en forma escrita. Con la Traducción de las
Escrituras, Dios habla a la gente en su propia lengua, afirmando su
identidad como pueblo, pueblo que El ama.
Alfabetizar y traducir la Biblia no es cuestión de semántica, es cuestión
de Vida, de ver vidas transformadas, discípulos de Cristo, iglesias
autóctonas sanas y sometidas a la Palabra de Dios.
Traducir la Biblia y alfabetizar es tal vez el reto misionero más grande,
la estrategia evangelística más apropiada para alcanzar a millones de
personas que ahora viven en la oscuridad. Jesús nos mandó la Gran Comisión
de “...id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que
guarden todas las cosas que os he mandado...” Nosotros tenemos el
privilegio de conocer el amor de Dios, de guardar sus mandamientos, de ser
discípulos sujetos a la Palabra, de obedecer y seguir los caminos del
Señor; otros 300 millones de personas, al carecer sus idiomas de
alfabetos, de traducción bíblica, de ortografía estudiada, al ser
analfabetos, esos otros, NO lo tienen, aunque si tuvieran la oportunidad
de conocer al Dios de la Biblia, estarían gustosos de ser fieles
discípulos de Cristo.
Por eso, sabiendo la historia de la traducción de la Biblia a nuestro
idioma durante el siglo XVI, al releer biografías misioneras de los siglos
XIX y XX en España, al percibir la importancia, oportunidad y
trascendencia de obras como la desarrollada por Federico Fliedner, Eduardo
Turrall y muchos otros que hicieron de la alfabetización parte de su
ministerio cristiano, considero que como cristianos conscientes de
nuestras raíces históricas, del significado y valor de la Palabra de Dios
para nuestras vidas, deberíamos recoger el testigo de esa generación de
misioneros y, dando un “salto transcultural” - como indicaba Pablo Wickham
en la Editorial de E.C – llevar las Buenas Nuevas a otros pueblos
utilizando la poderosa herramienta de la alfabetización y traducción
bíblica a las lenguas vernáculas, contribuyendo de esta forma a cumplir
nuestra parte de la Gran Comisión al declarar todo el Consejo de Dios
depositado en las Escrituras.
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